Estamos muy cerca de La Raya. El dial de la radio sintoniza indistintamente emisoras españolas y portuguesas. Las redes telefónicas de los dos países se cuelan en el móvil. La EX-110 nos lleva desde Badajoz hasta Valencia de Alcántara, ochenta kilómetros que bordean una frontera que une, no separa. Nos movemos desde tierras pacenses a cacereñas por un paisaje de dehesas y sierras, con restos megalíticos, monumentos medievales y una gran biodiversidad. Entramos en un territorio de encinas y alcornoques, de producción de corcho, de ríos y riachuelos, donde el águila imperial ibérica tiene uno de sus últimos refugios en la sierra de San Pedro.

Antes de iniciar nuestra ruta hacia el norte callejeamos por Badajoz. La alcazaba, la más grande que se conserva en España, ha recuperado su esplendor después de varias rehabilitaciones. Dispone de un amurallamiento de época almohade (siglos XII y XIII) donde destaca la Torre de Espantaperros, de planta octogonal, sin duda, uno de los símbolos de Badajoz, como también la Puerta y el puente de Palmas, la Plaza Alta o la catedral. La ciudad conserva una buena parte del magnífico sistema defensivo de los siglos XVII y XVIII, compuesto por baluartes, fuertes, revellines, puertas y fosos. En su época fue una de las mejores líneas defensivas de Europa. Las murallas abaluartadas ya no son una barrera que aprisiona la ciudad sino unos elementos que la embellecen con sus piedras y zonas verdes.

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Puerta de Palmas en Badajoz

 Dejamos la silueta de la alcazaba y del fuerte de San Cristóbal, en la otra orilla del Guadiana, y llegamos a Valdebótoa, pedanía de la capital y uno de los numerosos pueblos de colonización surgidos en los años 50 del siglo pasado. En la ermita de Bótoa se celebra una multitudinaria romería en mayo, a la que acuden peregrinos de un lado y del otro de la frontera.

 En medio de un mar adehesado nos reciben Alburquerque y su castillo de Luna. Estamos en una frontera disputada por musulmanes y cristianos y, siglos después, por españoles y portugueses. En verano, este pueblo conmemora su pasado en el Festival Medieval, declarado Fiesta de Interés Turístico de Extremadura, con torneos, autos de fe y bailes ambientados en esa época, pero también baila al ritmo de la mejor música indie en el Festival Contempopránea. Esta convivencia entre tradición y modernidad es habitual en Extremadura, como comprobamos en sus representaciones culturales, su arquitectura o su gastronomía.

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Castillo de Alburquerque

Todavía en la provincia de Badajoz, San Vicente de Alcántara presume de ser la capital extremeña del corcho y del turismo relacionado con este producto natural. Aquí existe un Museo del Corcho, es posible visitar una dehesa para conocer cómo se extrae y su proceso de transformación y comprar artesanía elaborada con este material. ¡¡Verás que el corcho no sólo sirve para hacer tapones!! Otros dos atractivos de San Vicente de Alcántara son el castillo de Mayorga, a pocos kilómetros del pueblo, en un cerro escarpado de la sierra de San Pedro, y la festividad del Corpus Christi, declarada de Interés Turístico de Extremadura.

Finalizamos en Valencia de Alcántara (Cáceres), otro importante productor de corcho. Fue testigo de la paz entre Castilla y Portugal, sellada en 1497 a través del matrimonio de Isabel, primogénita de los Reyes Católicos, con el monarca luso Manuel El Afortunado. Este enlace se conmemora en agosto con la ‘Boda Regia’ en la iglesia de Rocamador, una recreación histórica en la que participan vecinos extremeños y portugueses y cuya programación incluye música, tapas medievales y un mercado. También muy popular es la romería de San Isidro (15 de mayo), Fiesta de Interés Turístico de Extremadura.

Como en otras localidades extremeñas, en Valencia de Alcántara llegaron a convivir cristianos, judíos y musulmanes. Debemos visitar el singular barrio gótico-judío, declarado conjunto histórico artístico, en el que se conservan más de 200 portadas adinteladas y ojivales, y en el que destaca el edificio de la sinagoga.

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Barrio gótico-judío en Valencia de Alcántara

Valencia de Alcántara, situada en el Parque Natural Tajo Internacional, se asienta sobre una mole granítica, en un bello entorno donde encontramos uno de los conjuntos megalíticos más significativos de Europa. Existen 43 dólmenes en su término municipal pertenecientes al Neolítico y Calcolítico, y que han sido declarados Bienes de Interés Cultural. Varias rutas bien señalizadas permiten observar estas construcciones, distribuidas en su mayoría en tres zonas: las cercanías del río Sever, frontera natural con Portugal, el área situada entre San Vicente de Alcántara y Valencia, y los alrededores de la pedanía de Aceña de la Borrega.

Este itinerario por la EX-110, al combinar ciudad y campo, nos da muchas opciones de alojamiento, desde hoteles urbanos en Badajoz a establecimientos de turismo rural. Existen también gasolineras en los núcleos de población más importantes.

La gastronomía tampoco será un problema en nuestro camino. Desde la abundante oferta de tapeo en Badajoz (no nos olvidemos de sus variados y completos desayunos) hasta el jamón ibérico de bellota y otros productos de la matanza (chorizo, patatera, cominera…) pasando por la chanfaina, la caldereta, el buche, las recetas de la sabrosa cocina rayana o la repostería, representada por maravillas como las perrunillas o los bollos de Pascua.

 

Enlace de interés

 

http://www.turismoextremadura.com/

 

http://www.turismobadajoz.es/

 

http://www.turismotajointernacional.com/

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